Santa Giulia – Museo de la ciudad

Descrizione

El monasterio benedictino femenino de San Salvatore, sucesivamente llamado de Santa Giulia (915) fue construido por voluntad del rey longobardo Desiderio y de su mujer Ansa en el año 753, en una zona riquísima de restos arqueológicos (viviendas romanas se han descubierto por debajo de la basílica de San Salvatore y en el huerto de Santa Giulia). Las varias reconstrucciones y ampliaciones realizadas durante los siglos crearon un complejo arquitectónico con tres claustros. El monasterio, donde encontró refugio hasta su muerte Ermengarda, la hija de Desiderio repudiada por Carlomagno (personaje exaltado por el novelista y poeta Manzoni), fue extremamente próspero: se convirtió en uno de los centros monásticos más destacados y ricos del norte de Italia. 


La visita del museo empieza pos los sótanos del monasterio, utilizados antiguamente como almacenes: aquí se traza la historia del poblamiento del territorio de Brescia, a partir de los primeros asentamientos durante la Edad del Cobre hasta la temporada romana. El material más antiguo, proveniente de las zonas Sur de la ciudad, se remonta al tercer milenio a.C. y ponen de manifiesto el momento en el cual el hombre empieza a manejar la agricultura y la artesanía. 

La Edad Romana está documentada en todo aspecto, tanto público como privado. Durante la época de Vespasiano, Brescia tenía un centro monumental con un Foro, alrededor del que se encontraban el Capitolio, la basílica y el teatro. Maquetas, puestos de información digital y restos arqueológicos monumentales permiten formular hipótesis sobre el aspecto de los edificios, donde probablemente se guardaban las renombradas estatuas de bronce descubiertas el 20 de julio de 1826 en crujía entre la parte posterior del templo Capitolino y el collado Cidneo. Probablemente las estatuas estaban colocadas en el Templo: la más famosa es la “Victoria Alada”, la cual – probablemente – era en origen una Venere y fue transformada durante la dominación de Vespasiano, cuando se convirtió en un exvoto imperial. Son muy hermosos también los retratos en bronce dorado de los imperadores romanos.

Además de los monumentos públicos la sección romana destaca por los restos de viviendas privadas, con las llamadas “domus de Dionisio” y la “domus de las Fuentes”, llevando maravillosos frescos, mosaicos y objetos de vida diaria.

La llegada de pueblos de origen germánico a Brescia, es decir los Gotas, lo Longobardos y los Francos, marca el cambio del arte tardío-antiguo al arte medieval. El paisaje urbano sufrió muchos cambios debido al abandono de los edificios monumentales romanos y a la construcción de sencillos edificios de madera y fango y al uso agrícola de muchas zonas urbana. Durante esta temporada empezó la construcción del monasterio de San Salvatore, que rápidamente asumí un papel religioso, político y económico significativo, marcando el comienzo del relanzamiento de la ciudad.


En el museo, la Edad Media se abre con las muestras relacionadas con la temporada de los Comunes, con restos llegando de edificios ya desaparecidos. Destacan los frescos del Broletto, la estatua ecuestre de mármol de San Faustino llegando de Porta Pile, la estatua-fuente de Berardo Maggi del convento de San Barnaba.

La visita continúa en la iglesia de San Salvatore y en el antiguo refectorio del siglo XV, un amplio espacio dividido en dos naves por columnas majestuosas, donde se exponen materiales provenientes de varios monumentos de la ciudad, acompañando el visitante del estilo gótico tardío al Renacimiento.

En los cimientos de la primera iglesia se construyó otra en el siglo VIII, larga 40 metros, con tres naves divididas por columnas llevando preciosos capiteles. Durante la segunda mitad del siglo XV, la fachada de la basílica se derribó para construir un nuevo coro para las monjas, el actual presbiterio de la iglesia de Santa Giulia. Los restos de estuco se remontan al siglo VIII (en el pasillo central y en el pasillo menor septentrional).
Una parte de la nave de derecha está ocupada por la base del campanario, construido entre el siglo XIII y el siglo XIV y decorado – en la parte inferior – por Romanino (Siglo XVI). Las capillas a norte se realizaron durante el siglo XIV: la secunda lleva frescos de escuela lombarda del penúltimo cuarto del siglo XIC, mientras que en la primera hay un ciclo de frescos del siglo XVI. La zona absidal de la cripta lleva fragmentos de frescos remontándose al siglo VIII y IX. Durante el siglo XIII se amplió con columnas decoradas por interesantes capiteles de escuela antelámica.

El corazón de la siguiente sección es el edificio de Santa Maria in Solario, una capilla del siglo XII que solía utilizarse como el “oratorio” del monasterio. En la cumbre del edificio, de plan cuadrado, hay un cimborio octogonal con logia ciega. El interior se divide en dos plantas que comunican entre sí a través de una escalera de piedra realizada dentro de la pared. La planta baja lleva en el centro un altar romano dedicado al dios Sol, en el cual se apoya el pilar central del ambiente. La planta de arriba, abovedada, está decorada con frescos realizados en su mayoría por Floriano Ferramola (Siglo XVI). Se expone el tesoro de Santa Giulia, que incluye la llamada Lipsanoteca (un cofre de marfil decorado con episodio del Antiguo y del Nuevo Testamento) y la gran Cruz del rey Desiderio (obra de orfebrería del siglo IX cubierta de gemas, raros cameos y cristales pintados, incluso el renombrado triple retrato, del siglo IV). 

Continuar

El monasterio benedictino femenino de San Salvatore, sucesivamente llamado de Santa Giulia (915) fue construido por voluntad del rey longobardo Desiderio y de su mujer Ansa en el año 753, en una zona riquísima de restos arqueológicos (viviendas romanas se han descubierto por debajo de la basílica de San Salvatore y en el huerto de Santa Giulia). Las varias reconstrucciones y ampliaciones realizadas durante los siglos crearon un complejo arquitectónico con tres claustros. El monasterio, donde encontró refugio hasta su muerte Ermengarda, la hija de Desiderio repudiada por Carlomagno (personaje exaltado por el novelista y poeta Manzoni), fue extremamente próspero: se convirtió en uno de los centros monásticos más destacados y ricos del norte de Italia. 


La visita del museo empieza pos los sótanos del monasterio, utilizados antiguamente como almacenes: aquí se traza la historia del poblamiento del territorio de Brescia, a partir de los primeros asentamientos durante la Edad del Cobre hasta la temporada romana. El material más antiguo, proveniente de las zonas Sur de la ciudad, se remonta al tercer milenio a.C. y ponen de manifiesto el momento en el cual el hombre empieza a manejar la agricultura y la artesanía. 

La Edad Romana está documentada en todo aspecto, tanto público como privado. Durante la época de Vespasiano, Brescia tenía un centro monumental con un Foro, alrededor del que se encontraban el Capitolio, la basílica y el teatro. Maquetas, puestos de información digital y restos arqueológicos monumentales permiten formular hipótesis sobre el aspecto de los edificios, donde probablemente se guardaban las renombradas estatuas de bronce descubiertas el 20 de julio de 1826 en crujía entre la parte posterior del templo Capitolino y el collado Cidneo. Probablemente las estatuas estaban colocadas en el Templo: la más famosa es la “Victoria Alada”, la cual – probablemente – era en origen una Venere y fue transformada durante la dominación de Vespasiano, cuando se convirtió en un exvoto imperial. Son muy hermosos también los retratos en bronce dorado de los imperadores romanos.

Además de los monumentos públicos la sección romana destaca por los restos de viviendas privadas, con las llamadas “domus de Dionisio” y la “domus de las Fuentes”, llevando maravillosos frescos, mosaicos y objetos de vida diaria.

La llegada de pueblos de origen germánico a Brescia, es decir los Gotas, lo Longobardos y los Francos, marca el cambio del arte tardío-antiguo al arte medieval. El paisaje urbano sufrió muchos cambios debido al abandono de los edificios monumentales romanos y a la construcción de sencillos edificios de madera y fango y al uso agrícola de muchas zonas urbana. Durante esta temporada empezó la construcción del monasterio de San Salvatore, que rápidamente asumí un papel religioso, político y económico significativo, marcando el comienzo del relanzamiento de la ciudad.


En el museo, la Edad Media se abre con las muestras relacionadas con la temporada de los Comunes, con restos llegando de edificios ya desaparecidos. Destacan los frescos del Broletto, la estatua ecuestre de mármol de San Faustino llegando de Porta Pile, la estatua-fuente de Berardo Maggi del convento de San Barnaba.

La visita continúa en la iglesia de San Salvatore y en el antiguo refectorio del siglo XV, un amplio espacio dividido en dos naves por columnas majestuosas, donde se exponen materiales provenientes de varios monumentos de la ciudad, acompañando el visitante del estilo gótico tardío al Renacimiento.

En los cimientos de la primera iglesia se construyó otra en el siglo VIII, larga 40 metros, con tres naves divididas por columnas llevando preciosos capiteles. Durante la segunda mitad del siglo XV, la fachada de la basílica se derribó para construir un nuevo coro para las monjas, el actual presbiterio de la iglesia de Santa Giulia. Los restos de estuco se remontan al siglo VIII (en el pasillo central y en el pasillo menor septentrional).
Una parte de la nave de derecha está ocupada por la base del campanario, construido entre el siglo XIII y el siglo XIV y decorado – en la parte inferior – por Romanino (Siglo XVI). Las capillas a norte se realizaron durante el siglo XIV: la secunda lleva frescos de escuela lombarda del penúltimo cuarto del siglo XIC, mientras que en la primera hay un ciclo de frescos del siglo XVI. La zona absidal de la cripta lleva fragmentos de frescos remontándose al siglo VIII y IX. Durante el siglo XIII se amplió con columnas decoradas por interesantes capiteles de escuela antelámica.

El corazón de la siguiente sección es el edificio de Santa Maria in Solario, una capilla del siglo XII que solía utilizarse como el “oratorio” del monasterio. En la cumbre del edificio, de plan cuadrado, hay un cimborio octogonal con logia ciega. El interior se divide en dos plantas que comunican entre sí a través de una escalera de piedra realizada dentro de la pared. La planta baja lleva en el centro un altar romano dedicado al dios Sol, en el cual se apoya el pilar central del ambiente. La planta de arriba, abovedada, está decorada con frescos realizados en su mayoría por Floriano Ferramola (Siglo XVI). Se expone el tesoro de Santa Giulia, que incluye la llamada Lipsanoteca (un cofre de marfil decorado con episodio del Antiguo y del Nuevo Testamento) y la gran Cruz del rey Desiderio (obra de orfebrería del siglo IX cubierta de gemas, raros cameos y cristales pintados, incluso el renombrado triple retrato, del siglo IV). 

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